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El año que cambió a la Universidad: A 90 años de la Reforma del 18, la Universidad hoy

La voluntad de los estudiantes provocó la Reforma Universitaria y derivó en el manifiesto liminar del 15 de junio de 1918.
Un movimiento social que terminó con el autoritarismo de una institución arcaica y que modificó para siempre el funcionamiento de las universidades nacionales. Se ganaron derechos insoslayables: autonomía, cogobierno, libertad de cátedra, gratuidad de la enseñanza, concursos docentes. A 90 años de aquel cambio histórico, la UNLP se repiensa desde todos los sectores que la

El mundo había cambiado radicalmente, desde que la guerra mundial marcó el fin de la belle époque, demostrando la crisis del nacionalismo exacerbado y de la ilusión del progreso gradual e indefinido. Los regímenes absolutos caían, el éxito de la Revolución Rusa excitaba fantasías juveniles y encontraba la resistencia reaccionaria.
El Estado-gendarme cedía paso al Estado-social, y un nuevo constitucionalismo colectivista se abría camino en Querétaro (México, 1917) y en Weimar (Alemania, 1919). La ciencia inventaba prodigios: cine, teléfono, gramófono, radio, automóvil, aeroplano. El arte des-quiciaba sus vetustos moldes, y proliferaba en agrios y polémicos ‘ismos’ (1).
Por su parte, Argentina era, en las primeras décadas del siglo, un país en el que se producían profundos cambios económicos, políticos y culturales. Las oleadas de inmigrantes, las migraciones internas y la urbanización acelerada, exacerbaban las grandes contradicciones sociales, tornaban intolerable lo que hasta entonces era usual, y advertían un clima pre revolucionario. Las cinco universidades que por ese entonces existían en la Argentina -tres nacionales y dos provinciales, entre las que se encontraba la UNLP-, se adelantaban al resto de América Latina en el proceso de incorporación de nuevos sectores sociales a la universidad, dando cabida así a las aspiraciones de movilidad social ascendente de los hijos de inmigrantes. Sin embargo desde la gestión institucional no acompañaban en su voluntad de transformación ese proceso de cambios; precipitando, en su resistencia, una reacción estudiantil que dio lugar a la quizás última revolución académica universitaria con impacto en América Latina y el mundo. La Reforma Universitaria de 1918 en Córdoba, Argentina, significó la erradicación de la enseñanza de la teología (2) y la introducción, en lugar de ésta, de directrices positivas, la ampliación y diversificación de las modalidades de formación profesional; el intento de institucionalizar el cogobierno de la universidad por sus profesores y estudiantes; la implantación (en ese mo-mento, más verbal que real) de la autonomía de la universidad referente al Estado; la reglamentación del sistema de concursos para el ingreso a la carrera docente y en general, una mayor democratización de la enseñanza (3) ; a las que se suma una serie de conquistas que rematan con la ‘misión social de la universidad’, incorporando la Extensión Univer-sitaria.
Esta figura le dio forma y fundamento al modelo de universidad contemporánea que condiciona nuestras instituciones hasta hoy. Sin embargo, en el período posterior a la Reforma hasta el inicio de la consolidación definitiva de la democracia en la Argentina en 1983, la Universidad se debatió en un proceso pendular de defensa de sus postulados, teñido de intereses y circunstancias políticas que impidieron desarrollar con fuerza instancias supe-radoras, y carecieron de propuestas innovadoras de peso que fueran implementadas.
Recién en los últimos veinticinco años de democracia, nuevamente los postulados reformistas de cogobierno y autonomía fueron los principios que dominaron el debate y la reorganización de las universidades públicas en nuestro país; en las que se restablecieron los concursos, se eliminaron los cupos y aranceles, y aunque todavía el proceso está en desarrollo y en muchos aspectos aún es incipiente, se volvió a promover la investigación mediante dedicaciones exclusivas, incentivos, becas y subsidios, se revisaron y reformularon los planes de estudio y se creció además en los vínculos con el sector público y empresario, en los estudios de posgrado, en los desarrollos para la transferencia científico-tecnológica, en la asistencia técnica, en la capacitación extracurricular y en la extensión universitaria.
También en esta nueva etapa democrática, se crearon nuevos institutos universitarios y universidades.
En este período, caracterizado en el mundo por aspectos que no son controlables, como la incertidumbre, el riesgo, la inestabilidad y un ambiente cambiante e integrado por múltiples dimensiones culturales, la Universidad ha pasado a ocupar un papel tal vez más destacado que en cualquier otra época de la historia (4) ; y las consignas generales de la cuestión universitaria contemporánea son, definitivamente, las planteadas en París en 1998: Pertinencia, calidad, internacionalización y acceso, a las que la realidad de América Latina les incorpora inclusión y permanencia, sin descuidar los variados factores que construyen esa conjunción desde la enseñanza, desde la investigación, la vinculación y la transferencia, desde la extensión y la integración social, desde las relaciones institucionales y desde la administración y gestión de las instituciones universitarias.
Efectivamente, la Universidad pública reformista actual en la Argentina, sigue enarbolando firme las banderas de la gratuidad, el cogobierno y la autonomía -junto al reclamo permanente por un presupuesto suficiente para estimular y cumplir con los postulados enunciados-, pero en un escenario mundial gobernado por el conocimiento y por la educación permanente, redimensiona sus compromisos humanistas, culturales y educativos con la sociedad, definiendo a la educación superior como un bien público; y establece nuevos compromisos internos, apuntando a la preparación para un cambio basado en la flexibilidad académica y administrativa, en la redefinición de las fronteras disciplinares (5), en la mayor relevancia de las ciencias, las tecnologías y el arte, y en un vínculo más intenso con su entorno social para responder a las exigencias del trabajo, el conocimiento y el progreso colectivo.


* Secretario General de la UNLP Arq. Fernando Tauber*
1 CIRIA, Alberto y SANGUINETTI, Horacio, 1983, La Reforma Universitaria (1918-1983) Tomos I y II, Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, pp 22-23.
2 En Europa, cuna de la Universidad de América Latina, la enseñanza de la teología se había relativizado como obligatoria ya en el siglo XVII, con la consolidación de los Estados. Sólo sobrevivía en ciertas universidades. En América Latina, sin embargo, a pesar del período de consolidación republicana en el siglo XIX, la fuerte impronta ‘colonial’ del proceso de nacimiento de las universidades, donde la presencia de la iglesia fue determinante, hizo que la obligatoriedad de su enseñanza perdurara, desfazándose del rol que la propia sociedad le daba a las universidades.
3 RIBEIRO, Darcy, 1971, La Universidad Latinoamericana. Caracas: Universidad Central de Venezuela.
4 HÜBNER GALLO, Jorge Iván, 1963, «Esquema y objetivos de la Universidad Contemporánea» en Anales de la Facultad de Derecho Cuarta Época - Vol. III - Años 1961 a 1963 - Nº 3, Universidad de Chile.
5 RUIZ ZUÑIGA, Ángel, 2000, El Siglo XXI y el papel de la Universidad, una radiografía de nuestra época y las tendencias en la Educación Superior, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica y Consejo Nacional de Rectores de Costa Rica.

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28/06/2008 19:01
http://www.unlp.edu.ar/articulo/2008/6/28/lapalabra0608reformadel18
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