Una actitud reparadora

“Misión cumplida pueden decir ustedes, porque se ha arribado a esta normalización, porque en cierto sentido podemos decir que recuperamos la Universidad Argentina. Pero no basta que conozcan esta tarea los muchachos, los estudiantes, los profesores, los vinculados de una u otra forma a las casas de estudio, la tiene que conocer el país, porque ha de saber todo lo que debe a un grupo de hombres que brindó dos años y medio de su vida a esta tarea que nos pone otra vez frente a la posibilidad de entrar en el buen camino, en el campo de la educación terciaria en la Argentina”. Raúl Alfonsin
1984. El país emergía de la noche más siniestra de su historia. Y los recintos universitarios estuvieron entre los ámbitos donde la brutalidad militar pegó con mayor dureza. Así es como “encontramos una Universidad antidemocrática, aislada de la sociedad, desjerarquizada intelectualmente y detenida en el crecimiento de su infraestructura”, según describía con claridad el por entonces Ministro de Educación de la Nación, Dr. Carlos Alconada Aramburu.
Los objetivos de ese período consistían básicamente en normalizar los claustros universitarios, o sea organizarlos democráticamente por medio de procesos electorales y restituirle a la Universidad Argentina su Autonomía. Pero no es el propósito de estas líneas realizar una crónica de aquellos días, sino también permitirnos reflexionar después de todos estos años en qué se ha avanzado y cuáles son los desafíos que tenemos por delante.
Es imposible pensar la Universidad sin reflexionar sobre el contexto que la rodea. Y en este sentido digamos que mal puede establecerse una política educativa, coherente en el tiempo, sin antes definir ciertos rumbos estratégicos por los que debería, en razón de sus propios intereses, transitar el país.
En ese marco, podemos decir que es imprescindible incrementar la matricula estudiantil universitaria como estrategia para la calificación de nuestros recursos humanos. No debemos cejar en el esfuerzo por lograr mayores recursos presupuestarios, pero sabiendo para qué. La Universidad no puede desentenderse de la necesidad de visualizarse a sí misma como integrante de un sistema mayor que la contiene, y en esa perspectiva debe avanzar en consensos que permitan la planificación del sistema dejando atrás y para siempre la lógica perversa de que sea el mercado el encargado de asignar roles y establecer prioridades.
Quisiera finalizar citando palabras de quien fuera el primer Presidente electo de la UNLP, una vez concluido el proceso de Normalización, el Dr. Ángel Plastino: “Actualmente el rol de creación de conocimiento y transferencia, que siempre fue importante, es indispensable para que la universidad pueda insertarse en el tipo de producción que caracteriza a la sociedad del conocimiento. Otro aspecto importante a resaltar es que el número de estudiantes ha aumentado notablemente en las universidades. Esto contribuye a la masificación de la ES y con ella a la democratización del conocimiento. Es importante el desafío que tiene hoy día la universidad, en el sentido de que es la principal fuente de conocimiento y la que mueve el mundo moderno. No hay que escatimar en esfuerzos para mantener su excelencia, más allá de la masificación, y no perder el rumbo que desde tiempos medievales la ha caracterizado.”