Homenaje de la UNLP al Dr. Raúl Alfonsín

Fragmento del discurso pronunciado por el Dr. Raúl Alfonsín, sobre la Ley de Educación, en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación, el 29 de junio de 2006:
Nadie duda que la educación desempeña un papel central en la construcción de una sociedad democrática, solidaria y moderna, y, por ende, es una de las tareas fundamentales del Estado. El Estado moderno ha tenido, como sabemos, desde sus orígenes, la función de establecer un sistema educativo que proveyera instrucción y contribuyera a cimentar los valores de la nacionalidad y los derechos humanos. Ello se traduce de manera principal, en el desarrollo de una cultura democrática, la formación de hombres y mujeres aptos para dar respuestas a los crecientes desafíos de los cambiantes y cada vez más complejos sistemas de producción
Se trata, en consecuencia, de educar para la libertad y de educar para el cambio. De ayudar a formar seres libres, responsables y, además, capaces de asumir las nuevas formas de trabajo y convivencia que impone el desarrollo tecnológico de nuestro tiempo, que tiene una importancia fundamental en los gravísimos problemas de desocupación que se han generado. Hay que comprender que estos dos objetivos se vinculan y no pueden ser encarados separadamente. La democracia, como cultura y como orden institucional, necesita asegurar su propia continuidad asentándose sobre bases de desarrollo y de progreso. Estas bases, por su parte, sólo pueden construirse auténticamente en un régimen de libertad que garantice vastos márgenes a la innovación y a la creatividad individuales.
Por eso los autoritarismos, aún aquellos que pretenden conducir procesos de cambio, terminan por inhibir el desarrollo de aptitudes requeridas por la constante evolución del mundo. La educación democrática consiste en desplazar de la enseñanza la inducción de ideas y provocar el libre debate de ellas, para ir de la regimentación a la libre creatividad; del dogmatismo al análisis racional. (…)
Educar para la libertad significa emprender una tarea para fortalecer con una cultura democrática al aparato institucional, de modo de sumar a ese ordenamiento externo una subjetividad acorde con él, para que sea vivida, convertida en cultura popular, en hábitos, en rutinas, en contenido permanente de nuestras conductas.
La Universidad tiene una responsabilidad estratégica.Debe transformarse, modernizarse, innovar, ser capaz de crear conocimiento y transferirlo al tejido productivo para desarrollar una tecnología autónoma y formar científicos capaces de investigar y transmitir el saber generado en otras partes. Si no se le permite desempeñar este papel, no se alcanzará la modernización pregonada, no habrá proyecto de país exitoso y no estaremos en condiciones de brindar mejor calidad de vida a nuestros pueblos. (…)
Las Universidades públicas deben ser gobernadas por sus propios ciudadanos, con ajuste a las leyes pero sin injerencia alguna del gobierno. Estarán dotadas de recursos suficientes para sostener sus políticas y la gratuidad de los estudios. (…). Pareciera en consecuencia que la primera obligación del Estado es volcar todos sus esfuerzos en procura de una auténtica igualdad de conocimientos.