La libertad creadora de un científico. Iniciador de la investigación científica en la facultad de Medicina. Fundador del INIBIOLP. Su trabajo sobre el metabolismo de los lípidos le permitió hacer hallazgos trascendentales para el tratamiento de enfermedades como la diabetes. El Dr. Rodolfo Brenner recibe por su trayectoria el premio Houssay, que fue quien le propuso en 1956 venir a la UNLP. Con casi 90 años, sigue investigando en la Universidad.
Para encontrar los orígenes de su apellido, hay que remontarse a la Suiza del 1600, en concreto a Basilea. En la facultad de Química Orgánica de esa ciudad dio clases el prestigioso profesor Max Brenner, uno de sus familiares. Un tío abuelo fue presidente del país europeo. Su bisabuelo por vía materna trajo a la Argentina una imprenta por rotograbado, en los tiempos de Rosas.
Más allá de sus antecedentes más remotos o lejanos geográficamente, ¿cuál fue la influencia de su familia de origen a la hora de elegir su futuro académico y profesional?
Tuve un padre extraordinario que me enseñó a ser honrado y trabajador y una madre que se dedicó a que estudiara, aprendiera e hiciera todo para adquirir cultura. Ambos fueron defensores de la libertad de ideas. Estudié en el Colegio Nacional Buenos Aires y me gané 3 medallas de oro. Después en la Facultad de Ciencias Exactas, hice el doctorado en química. Me gané de nuevo la medalla de oro como mejor alumno y me recibí en 1946.
Teniendo en cuenta que Ud. se había formado en Buenos Aires, ¿por qué decide venir a la Universidad Nacional de La Plata?
En 1956, cuando yo volvía de una beca en Inglaterra, el doctor Houssay me propone que me presente al concurso de Profesor de Bioquímica. Me presenté y gané el cargo. Me encontré con un grupo de estudiantes único, eran unos 70 jóvenes con un gran deseo de aprender. De ahí salieron profesionales de primera línea. La cátedra estaba dentro del Instituto de Fisiología. Houssay me dijo “no traiga gente de Buenos Aires, forme sus investigadores en La Plata”.
Por fuera del recurso humano, del interés de los estudiantes que integraban su grupo de investigación, ¿qué panorama se encontró al llegar a La Plata?
Teníamos poca plata y el equipamiento no existía. Se me ocurrió pedir un subsidio al National Health Institute de Estados Unidos y sorprendentemente, me lo dieron y pude comprar equipos. En el 57, en mi viaje de bodas a Inglaterra, el Dr. James, que había inventando la Cromatografía Gaseosa, para hacer análisis más precisos, me regaló los diseños para que construyera su equipo en el país. Pero gracias a un subsidio del CONICET pude comprar el primero que llegó al país. Me dio más posibilidades de investigación y a usar radioisótopos. Al poco tiempo presentamos un trabajo importante en Estados Unidos sobre la biosíntesis de los ácidos grasos no saturados y las encimas que actuaban. Causó muy buena impresión y se me abrieron las puertas por todos los laboratorios estadounidenses y di conferencias por casi todos los estados del país. Surgieron además becas para la gente del instituto. Como no había un congreso de ciencias bioquímicas puras, en 1965 se nos ocurrió al Dr. Leloir, al Dr Estoppani, al Dr. Cuma y a mí crear la Sociedad Argentina de Investigación Bioquímica, que tuvo aceptación a nivel nacional y reconocimiento internacional.
Su gran tema de investigación, a lo largo de toda su carrera como científico de la UNLP fue el metabolismo lípido.
Sí, mi trabajo como investigador siempre estuvo vinculado a los lípidos animales, los llamados ácidos grasos esenciales, que son el linoleico y el linolénico, que el organismo humano no los puede sintetizar, de los cuáles derivan los ácidos importantes por reacciones de síntesis. Ese mecanismo es el que estudiamos nosotros, la activación y la desactivación en la dieta, a nivel de agentes químicos y a nivel de las hormonas. Demostramos la relación que hay en las alteraciones que tiene la diabetes, por falta o error en la síntesis de esos ácidos. Esto produjo un gran interés biológico en todo el mundo, ya que demostramos que esto pasaba en el hombre, no solo en las ratas. Vimos que la regulación había que analizarla también a nivel de los genes. Entramos en la biología moderna y empezamos a usar nuevas técnicas y sumar nuevos investigadores. En 1982, la Universidad con el CONICET firmaron un convenio para crear el INIBIOLP, el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de La Plata.
Después de más de 50 años investigando en La Plata, ¿que opinión le merece la investigación científica que se desarrolla en la Universidad?
Desde que yo llegué a la Universidad hubo un salto que puede verse en los premios de ahora. Cuando yo vine, había en la Facultad de Ciencias Exactas investigación en pequeños grupos, era el grupo de fisicoquímica, en el que se formaron los excelentes investigadores que luego estuvieron en el INIFTA, lo que permitió que ese y los numerosos institutos de investigación que existen en La Plata tengan el prestigio que tienen. Los premios Houssay que recibirán los científicos de La Plata abarcan las Ciencias Naturales, Fisiología, Astronomía y bioquímica, y solo en el caso de este premio. La ciencia tiene que seguir siendo apoyada, por ejemplo, la investigación experimental. Tienen que seleccionarse los investigadores, hay que darles apoyo. Pero hay algo importante: hay que dejar que el espíritu creador salga de cada uno. Se les puede sugerir un tema de trabajo, pero hay que dejar que cada uno se deje llevar por las circunstancias. La cuestión es descubrir cuáles son sus aptitudes. Todas tienen valor y por eso hay que ayudar a que se desarrollen.












