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Responder a las exigencias de este tiempo
En el aniversario de la Reforma del 18, Dr. Ángel Plastino, Coordinador del Foro de Postmodernidad de la Fac. de Ciencias Económicas - UNLP, Prof. Emérito de la UNLP y Ex presidente de la UNLP

Cada junio recordamos con veneración la epopeya reformista cordobesa, reiterando nuestra admiración por la joven generación que osó en ese entonces concretar un cambio profundo en las estructuras universitarias, superando obsolescencia y estancamiento. A casi 100 años de distancia, cabe tal vez preguntarse si no sería hoy un oportuno accionar reformista el de replantearse críticamente las concepciones universitarias. ¿No se requieren acaso modificaciones académicas drásticas en vista de la tan distinta situación que atraviesa la humanidad a comienzos del siglo XXI? La globalización y el avance científico han generado la actual “Sociedad de la Información”, dando lugar a una reestructuración social con nuevas formas de organización en todos los niveles y aspectos (políticos, sociales, económicos, culturales, educativos, etc.). La Educación Superior, en consecuencia, debiera adaptarse a las nuevas condiciones. ¿Lo ha hecho de modo cabal? ¿Hemos indagado en plenitud sobre las aptitudes que necesitarán adquirir nuestros jóvenes para generar progreso social y personal en el nuevo milenio?

El último interrogante es definitorio. Parece claro que las capacitaciones tradicionales del siglo XX no bastan ya, por obsoletas e insuficientes. Además, es obvio que el panorama universitario actual es muy diferente al de hace sólo un cuarto de siglo, en razón de diversos factores tales como 1) el continuo desarrollo y progreso informático-computacional, 2) la imperiosa exigencia de establecer fácilmente conexiones y contactos, incluyendo los internacionales, 3) la sobreabundancia de información, 4) la riqueza de bibliotecas virtuales con sistemas integrados de información, 5) el creciente aumento del énfasis en la mejora de la productividad y 6) el necesario dominio de otras lenguas. No podemos pues renunciar a pensar que otras “reformas”, de alcance mayormente académico, son imprescindibles. Recordamos siempre lo que pasó en el 18 porque respondía a las exigencias de su tiempo, conscientes de que las respuestas de hace casi un siglo no pueden seguir manteniendo los mismos grados de validez y vigencia en el presente. Resulta urgente generar nuevas maneras de utilizar las estructuras institucionales que ya tenemos y desarrollar otras de las que aún se carezca.

Es importante especificar cuáles son las habilidades y destrezas (H&D) que el estudiante universitario debe adquirir y desarrollar en el siglo XXI. Se habla en este contexto de “unidades de significación”, incluyendo las siguientes: comunicación, conocimiento multicultural, fluencia en idiomas, facilidad para el trabajo en equipo, creatividad, capacidad de adaptación, empatía, manejo del “stress”, autodisciplina, responsabilidad, pensamiento discriminado, habilidades gramaticales, razonamiento analítico, familiaridad con aspectos de la economía-negocios, posibilidad de manejarse cómodamente con estructuras matemáticas y fluencia en computación -telecomunicación. No hay excelencia si estas H&D no son cultivadas. Las mayorías que no tienen acceso a la Universidad merecen que los relativamente pocos privilegiados que de ella egresan lo hagan con niveles intelectuales que alcancen para promover progreso colectivo.

El abanico vital del universitario debiera pues desplegar 1) el establecer fácilmente vínculos de comunicación eficaz con otros y 2) el poder aplicar sin esfuerzo la tecnología computacional básica. En 3er. lugar, es fundamental adoptar el pensamiento crítico y, por último, adquirir sensibilidad multicultural, referida a la posibilidad de trabajar con personas de diferentes culturas o etnias. El quehacer universitario se basa hoy en dos pilares fundamentales: manejo de modos variados de comunicación y dominio pleno del pensamiento simbólico. Sin las destrezas concomitantes no se puede tener una comprensión racional del entorno, y mucho menos modificarlo conscientemente. El estudiante debe adquirir una adecuada combinación de habilidades interpersonales e intrapersonales, junto con pericias científico-tecnológicas y la facultad de “aprender a aprender”. Si lo logra, podrá contribuir apropiadamente a mejorar la situación de las mayorías en éste complejo y cambiante mundo globalizado. Caso contrario, la marginación profesional y la irrelevancia social constituyen el destino probable.

Nótese que el desarrollo adecuado del talento humano, que sólo las universidades tienen plena capacidad de impulsar, es factor decisivo para mejorar las ventajas competitivas de los países en la economía mundial y también para encontrar alternativas de solución a los problemas económico-sociales regionales, nacionales y locales. Este “talento” es la mayor “riqueza” de cualquier nación. Sin ésta es imposible mejorar la situación de los más desfavorecidos. Promover la excelencia es “progresismo puro”, más allá de cualquier ideología.

El papel de la Educación Superior en la formación con excelencia de profesionales e investigadores ya no sólo se centra en el dominio de ciertos conocimientos especializados, sino en la capacidad de resolver problemas imprevistos que se presenten en la práctica con el fin de mejorar la calidad de vida de la población, promover el desarrollo cultural y ayudar en la conservación del medio ambiente. Como adecuado homenaje a los próceres cordobeses de la 2ª. década del siglo XX debemos asegurar que de nuestras universidades e institutos superiores egrese el tipo de seres que requiere no sólo nuestra sociedad sino el mundo, aquéllos cuyas habilidades y destrezas técnicas y cognitivas les permitan incidir con eficiencia y eficacia en el sistema de producción y distribución de bienes y servicios. Una mirada crítica al escenario universitario acompañada de voluntad y propósito de cambiar para mejorar constituyen el más adecuado homenaje a la Reforma de 1918.

20/09/2012 10:32
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