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Asuntos Pendientes
Verónica Betencourt, Secretaria General de ADULP.

Junto al retorno a la democracia, y después de casi 20 años de sucesivas intervenciones en las  Universidades Nacionales, en el año 1983 se comenzó a transitar  el proceso denominado de “normalización” institucional. Se trataba de recomponer una estructura de la Universidad que había quedado  completamente desarticulada por larguísimos años de dictadura militar. Miles de estudiantes, no docentes y docentes desaparecidos, carreras cerradas, líneas de investigación diezmadas, planes de estudios parcializados en sus visiones ideológicas, una inexistente relación con el entramado social y la completa inestabilidad de sus trabajadores tanto docentes como no docentes, fueron el saldo de aquellos años, y el desafío de cambio que enfrentó la “normalización”.

En nuestra universidad, aquella tarea fue llevada adelante por el Rector, el Ingeniero Raúl A. Pessacq y los decanos normalizadotes de cada Facultad, que pusieron entre sus prioridades el restablecer el ingreso irrestricto, la reapertura de las carreras de Psicología y de Cine, revisar los concursos realizados durante la dictadura –tanto los docentes como los no docentes- y realizar algunos otros concursos en vistas a ir ganado calidad institucional en una Universidad en la que había sido coartada toda posibilidad de exigir por los más mínimos derechos.

A 25 años del comienzo de la “normalización”,  que parece pertenecer a un pasado remoto,   la autonomía universitaria, la vigencia de las instancias democráticas y hasta un nuevo Estatuto que en su preámbulo señala el compromiso de la Universidad con la democracia, y un artículo que impide que personas vinculadas con causas de lesa humanidad sean miembros de la planta de la UNLP, indicarían que el proceso está completamente concluido. Sin embargo, y aun reconociendo lo anterior como avances realmente significativos, desde nuestro lugar de trabajadores docentes estamos obligados a señalar lo que siguen siendo deudas.

Las líneas de investigación que se desarrollaban en nuestra universidad y que vinculaban el conocimiento que en ella se producía con la realidad social, recién ahora están siendo retomadas, y continúan siendo incipientes;  las innovaciones que los docentes y no-docentes concibieron en el plano de  la estructura misma de la universidad y que comprometían su misma esencia institucional, como la departamentalización, ha quedado como una discusión casi perimida en un contexto que, paradójicamente, parece reclamarla de manera acuciante; finalmente, una de las tareas que aquella misma normalización se trazó como norte y que comprometía la vida laboral y política de los docentes, como es su situación de revista, continua siendo una deuda. En nuestra universidad, los docentes interinos que continúan siendo muy numerosos y carecen de todo derecho político, como hace 25 años cuando no regía ninguna ley de protección del trabajador docente.

Sin duda y más allá de  la normalización, la UNLP  tiene todavía algunos asuntos pendientes.

21/09/2012 11:11
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