El reciente fallecimiento del Dr. Alfonsín, trajo a la memoria de los que colaboramos en la Normalización de la Universidad de la Plata nítidos recuerdos de esa etapa fundacional. Un nuevo período democrático se iniciaba y muchos eran los desafíos que había que afrontar. Han pasado más de 25 años desde el momento en que nos convocó el Ing. Pessacq, para trabajar en la transición hacia una Universidad autónoma, libre y democrática.
Mi ámbito de acción fue el Liceo Víctor Mercante, donde era profesora titular desde hacía 22 años y pasé a desempeñarme como Directora Normalizadora. El apoyo incondicional del Rector, del Secretario General Ing. Luchessi y de la Secretaria Académica Prof. Córsico, fue fundamental. Nuestro equipo de conducción, que integraba con las profesoras Sanucci e Illanes, se propuso realizar en forma paulatina las innovaciones que reclamaba la institución en todos sus estamentos.
El objetivo a lograr fue jerarquizar al Liceo, tanto en lo institucional como en lo académico. Pero un primer paso imprescindible fue crear un nuevo clima en la comunidad educativa y contar con la necesaria colaboración de los docentes, basada en el diálogo y el respeto mutuo. Los Jefes de Departamento y de Sección fueron elegidos mediante la votación de los integrantes de cada claustro. Respecto del ingreso a la docencia elaboramos, conjuntamente con el Colegio Nacional y el Bachillerato de Bellas Artes, nuevas pautas de evaluación de antecedentes y así confeccionar los listados por orden de mérito. Siempre sostuvimos que todo establecimiento educativo debía poseer un Gabinete Psicopedagógico eficaz. Resolvimos entonces reestructurar el existente y mejorar su funcionamiento, mediante la selección de personal idóneo que pudo contar con mejores elementos de trabajo.
La transición hacia la convivencia democrática no fue fácil y debimos orientar a los alumnos en ese sentido. Participaron en el Centro de Estudiantes, editaron la revista “Crear” y se inscribieron en actividades extraprogramáticas y campamentos interdisciplinarios. La institución volvió a cumplir su rol de colegio experimental y recibió un presupuesto adecuado que permitió no sólo crear nuevos cursos de primero a quinto año, aumentado así la cantidad de ingresantes, sino también incrementar las horas-cátedra, para incentivar a los profesores que propusieran y realizaran nuevas experiencias pedagógicas y optimizaran las ya existentes.
Sólo resta ahora agradecer al Rector Normalizador Ing. Pessacq la libertad, la confianza y el respaldo que me brindó durante toda la gestión. Mi reconocimiento también a la comunidad del Liceo, que con su silencioso hacer cotidiano, con sus sugerencias y con sus críticas consiguió tornar menos gravoso el compromiso asumido.









