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Plenitud en la autonomía universitaria
Humberto Quiroga Lavié, Decano Normalizado de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales.
Para poner en marcha este proceso en la UNLP, fue preciso generar las ideas que sentaran las bases de la reconstrucción institucional

Han pasado veinticinco años, un cuarto de siglo, que fueron de lucha, pero también de vida. Alfonsín llegaba al gobierno declamando el Preámbulo de la Constitución Nacional y denunciando el pacto militar sindical. Era la vida democrática en su renacimiento en la historia argentina. Con ella renacía la democracia universitaria, buscando su normalización para alcanzar su autonomía. Yo era un profesor adjunto interino de Derecho Constitucional en la Universidad de La Plata, que era nacional por su historia: activa militante de la reforma universitaria de 1918. La Franja Morada me apoyó para ser Decano Normalizador de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales y allí empezamos, así nacieron esos veinticinco años, donde pude ayudar en la brega, colocando pequeños ladrillos de una construcción que no terminará nunca.

Bajo la gestión del ingeniero Raúl Pessaq,  se pusieron las bases del Plan Estratégico de la Universidad. En unas Jornadas convocadas al efecto, la comunidad universitaria platense debatió los ejes centrales de la política académica de la casa de estudios. Los ex Presidentes de la Universidad aportaron su visión y realizaron un recorrido por la vida académica de la institución, desde la recuperación de la democracia. Temas específicos fueron la participación estudiantil dentro del sistema, la transición entre la educación media y la superior y la incorporación de las nuevas tecnologías en la actividad científica y pedagógica de la Universidad. No dejaron de ser considerados los desafíos de la financiación de la Universidad, regida por el irrenunciable postulado de la autonomía, así como su inserción en un mundo altamente globalizado e internacionalizado.

Como decano normalizador de la facultad de Derecho, gestioné el llamado a concurso público para docentes, por antecedentes y oposición. De este modo, logramos cubrir más del cincuenta por ciento de los cargos titulares, aunque se había concursado la totalidad, en muchos casos, con profesores que venían de los tiempos del gobierno militar. Porque si algo quiero destacar es que bajo nuestra gestión no hubo la menor persecución ni discriminación de los docentes que nos recibieron. Ellos no habían puesto a las autoridades militares ni sido protagonistas del golpe de estado que instaló la tiranía militar, sufriendo las consecuencias de esa dictadura, como el resto del país. Siempre tuve firmes convicciones sociales en política, las cuales se desvirtúan cuando no se respeta el pensamiento del otro. Juzguemos conductas no ideas.

Estábamos en condiciones institucionales de elegir un nuevo Decano, signado por el sistema democrático de la reforma universitaria. En relación con la reforma deseo enfatizar que nosotros aplicamos el tripartito, con la participación de los docentes, los graduados y los estudiantes, no solamente en la integración de los Consejos Académicos, también del Consejo Superior, sino, del mismo modo, en la formación de los Jurados de los concursos docentes. Estaban formados por cinco miembros, tres profesores, un graduado y un estudiante. Cuantas veces pensamientos de otros tiempos, todavía vigentes en nuestro país, me han objetado la participación estudiantil, incluso la de los graduados. Ese pensamiento vetusto es hijo de la ignorancia práctica.

Hay un argumento constitucional para defender la participación estudiantil en el gobierno universitario y en la designación de los docentes. El olvidado artículo 14 bis de nuestra Constitución les otorga a los trabajadores el derecho “a participar en las ganancias de las empresas, con control de la producción y colaboración en la dirección”. Tenemos que señalar que el camino recorrido no es otra cosa que un camino buscando plenitud en la autonomía universitaria. Una autonomía que en su consagración constitucional dispuesta por el art. 75, inc. 19, se encuentra enriquecida por la exigencia de que el Congreso también regule la autarquía de las universidades.

En 1986 fui designado Decano institucional, electo por el Consejo Académico de nuestra Facultad. Pero al año siguiente tuve que dejar el cargo, para dedicarme a un estudio comparativo sobre la reforma de la Constitución de nuestro país, ya que el ex presidente Alfonsín había convocado el Consejo para la Consolidación de la Democracia.

21/09/2012 10:53
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