Pensar comprometidamente en un futuro de progreso y bienestar para todos los argentinos implica actuar en el presente, modificando las condiciones políticas, sociales y económicas de profunda desigualdad que conviven con esta sociedad democrática, plural y diversa.
Entender, en este contexto, el rol de la Universidad Pública y dotar a su política en programas y acciones pertinentes es un deber indelegable del Estado, el cual debe a su vez, sostenerla en sus funciones con autonomía y plenitud. Más aún teniendo en cuenta el consenso producido en la última Reforma del Estatuto y en la Conferencia Mundial Unesco en París de este año, donde se reconoció al Conocimiento como Bien Público y Social.
Este paradigma determina que la Educación Superior, no sólo debe proveer de competencias sólidas al mundo presente y futuro, sino que debe contribuir a la educación de ciudadanos éticos, comprometiéndolos con la construcción de la paz, la defensa de los derechos humanos y los valores democráticos. Además de cumplir con las funciones primordiales de enseñanza, investigación y extensión derivadas de la Reforma Universitaria de 1918, la Educación Superior debe incorporar nuevas dimensiones en la constitución de una nueva conciencia universitaria.
Esta tarea precisa de la voluntad de todos los actores universitarios, ya que la conformación de acuerdos resulta imprescindible en cuanto a que el destinatario de nuestra política es un sujeto activo que tiene la potestad de conducir y direccionar los destinos de la institución de la cual forma parte, convirtiéndose en co-artífice de su propio destino.
Es en este sentido que la Universidad Nacional de La Plata trabaja en la implementación de acciones y programas, enmarcados en el Plan Estratégico, y busca principalmente asistir las necesidades materiales de la población estudiantil y también lograr un mayor índice de participación en actividades del tipo culturales, sociales y deportivas, ya que contribuyen a la contención y permanencia en sus estudios de los alumnos universitarios.
Para esto debemos profundizar y multiplicar las acciones desarrolladas dentro de los Programas Igualdad de Oportunidades para Estudiar, Beneficios y Descuentos Estudiantiles, Salud Estudiantil, Prácticas Deportivas y Culturales, Apoyo y Contención Académica, Comedor Universitario, y Albergue Estudiantil, ya que procuran que todo estudiante con voluntad de aprender lo pueda hacer, proporcionando mecanismos de compensación de las desigualdades socio-económicas y de formación educativa previa a la universitaria.
La utopía de construir la Universidad cultural, física, comunicacional y actitudinalmente accesible para todos, es un valor supremo del compromiso con nuestra herencia reformista y, además, es un desafío de nuestra identidad cultural en la búsqueda permanente de una mejor calidad de vida para la sociedad y el desarrollo de un país justo y solidario. La transformación esta en marcha, de nuestro compromiso depende.









